Rubbi Castro MCausland
El texto Pensar la educación desde la experiencia
es un compendio de las posturas sumamente interesantes de tres autores sobre la
experiencia y el hombre: Bárcena. Larrosa y Mélich. En un primer momento,
Bárcena expresa en términos generales que los discursos pedagógicos actuales
pretenden sistematizar la educación, clasificarla y jerarquizarla, sin tener en
cuenta la experiencia como herramienta valiosa en el proceso de aprendizaje.
Luego, Larrosa opina que la educación requiere una lengua general, en la que no
primen las opiniones y posturas personales y excluyentes, una lengua en la que
los directamente implicados puedan comunicarse y transmitir sus experiencias en
el mundo. Finalmente, Mélich da a conocer la pedagogía de la finitud, que se
fundamenta en que el sujeto es un ser que vive en función de los demás, para
los demás y frente a los demás. Es claro entonces, que los tres textos exponen
desde diversos puntos de vista la importancia de la experiencia en el contexto
de la educación del ser humano.
Fernando Bárcena inicia el texto partiendo
de una idea altamente precisa: el discurso que emana de los poderosos en los
círculos educativos no admite crítica alguna, porque es un discurso que pretende ser lo definitivo,
lo perfecto, lo único. Esto, por supuesto, no es así, pues ninguna persona es
dueña absoluta de la verdad y el conocimiento no es un proceso finalizado. Los
que están por debajo de esa clase dominante tienen que limitarse a seguir sus
directrices sin derecho a oponerse a ellas, por el riesgo de ser tachados de
revolucionarios. También, expresa que, actualmente, el maestro que enseña con
la palabra, a partir de su experiencia, es casi que una especie en vía de
extinción. La educación ha caído bajo el influjo de la tecnología que deshumaniza
al ser, que lo vuelve sólo una dirección electrónica en un universo cada vez
más gigantesco. Ya no importa lo que cada quien ha vivido y tenga para
compartir a partir de su vivencia: la experiencia, como herramienta de
enseñanza, ha sido declarada inútil. Sin embargo, es la experiencia la que
enseña, en palabras de Bárcenas: “…ese hacer experiencia es una praxis cuyo
sentido reside en su misma realización.” (p. 237)
En un segundo momento, Jorge Larrosa sostiene
una tesis muy real y adecuada: el lenguaje es el patrimonio más valioso que
posee la humanidad, es el que define al hombre como ser pensante; por lo tanto,
es necesario que a nivel de procesos educativos se maneje un lenguaje común en
el que cada individuo pueda expresarse y, a su vez, interpretar al otro. Esta
lengua sería algo así como el vehículo que permita una identificación y
apropiación de cada ser humano desde su esencia, como poseedor de un alma y una
razón. Es necesario entonces, generar en el mundo pedagógico la necesidad de
construir esta lengua a través de la cual el maestro pueda dar a conocer las
experiencias que redundarán en un aprendizaje más efectivo del educando. En la
medida en que haya una mejor comunicación entre los actores del proceso
enseñanza- aprendizaje los resultados serán mucho más satisfactorios. No es
posible que la educación siga enmarcada en sólo dos aspectos: la técnica y la
crítica, cuando el universo en su complejidad, ofrece muchas facetas
sencillamente ricas en experiencias significativas.
En último lugar, pero no por eso menos
importante, Joan–Carles Mélich presenta una teoría supremamente atinada: la
pedagogía de la finitud, que se basa en
la sociabilidad del ser humano y su interrelación con el otro, enmarcadas en
una situación que en un momento determinado acaba y de la que debe quedar una
experiencia. Fundamentalmente lo que se
expresa es que el sujeto no está solo en el mundo y tampoco podría estarlo ya
que para su crecimiento requiere del otro y de un entorno que lo identifique,
pero que es finito, temporal. Por eso, al momento de la enseñanza hay que tener
en cuenta el contexto del individuo, de dónde viene, en dónde está y para dónde
va, lo que conlleva un movimiento constante, un caminar dentro de un trayecto
que se va estableciendo a medida que se va aprendiendo. En ese caminar el ser
se encuentra con los otros y establece contactos de los que extrae enseñanzas.
Pero, es necesario que esos contactos se muevan dentro de la ética, definida
por Mélich como “…el modo como los seres humanos nos relacionamos con los
demás…” (p. 251). Además de que esta relación yo- tú debe ser manejada no con
táctica sino con tacto, que es la capacidad de acercarme al otro y tocarlo en
su esencia de ser humano igual a mí.
Como afirmaba al inicio, estas tres
posturas son muy interesantes en la medida en que esbozan una pedagogía que, si
se diera, sería de mucha ayuda para la educación actual: la pedagogía de la
experiencia. Ésta esencialmente abarca tres aspectos muy importantes. El
primero, la experiencia como medio de enseñanza. El segundo, una lengua que
permita la transmisión de esa experiencia. El tercero, el reconocimiento de que
el ser humano se relaciona con el otro en medio de un contexto que cambia y en
el que debe primar la ética y el tacto. Si esta pedagogía se posicionara en
cada sistema educativo del mundo, tendríamos como resultado un ser humano más
humano y menos tecnócrata; un ser humano más respetuoso del otro; un ser humano
que reconoce sus propias debilidades en las debilidades del otro; un ser humano
preocupado por interpretar su realidad, pero no para su propio beneficio, sino
para un beneficio general; un ser humano que valore al que ya vivió lo que él
apenas va a vivir; en fin, un ser humano que entienda que la experiencia del
otro es una buena forma de reconocer el camino que él apenas va a caminar.
Isbelis
Jácome Mendoza
En
este artículo se puede notar que se presentan diferentes tipos de posturas,
pensamientos y críticas en cuando al desarrollo de la educación con en al
pasado y en la actualidad, en donde se implementan nuevas formas de educar,
diferentes formas de pensamiento, de ver el mundo, libertad de expresión y
aprendizaje a partir de la experiencia.
Vemos
en este artículo, la educación a través de la experiencia, es decir el maestro
hace que su alumno obtenga conocimientos a través de algo que él pueda vivir, o
también de algo que ya haya vivido, la experiencia interna, a través de los
recuerdos, podemos ver que si al hablar tuviéramos siempre inmerso el
pensamiento llegaríamos a tener un acto de escritura o conversación reflexiva.
La educación
hay que verla a través de lugares muy cercanos al cuerpo, lo que se puede
entender como el lugar de la experiencia, como a lo que han llamado lugar de
lucha y resistencia, en donde se trata de obtener un pensamiento de la
educación que enfrente la falta de sentido, la incertidumbre y así poder marcar
diferencia de los lenguajes racionales tecno científicos que se han
implementado en la pedagogía.
Fernando
Bárcena relaciona la educación con una experiencia pedagógica, que llama “el
viaje” para lo cual cita tres elementos claves, el viaje, que implica la salida
hacia el exterior, y la experiencia del comienzo, esto, derivado de la palabra
educación significa dirigir o salir hacia fuera, lo cual permitirá vivir una verdadera experiencia.
Los maestros,
en caso total que merezcamos ese título, deben tratar de que el proceso de
enseñanza sea más que una cotidianidad de conceptos y conocimientos, sea una
manera de atravesar la mente y el cuerpo a través ese viaje que señala Bárcena
, un viaje en el que el estudiante se encuentre con cosas nuevas, la salida
afuera de lo común, la posibilidad de un nuevo comienzo, un nuevo pensamiento,
una nueva forma de ver la vida, en donde se enfrente a diferentes retos que le
permitan fortalecer su personalidad e identidad a partir de la experiencia de
“el viaje” la salida a un nuevo espacio y el inicio de nuevos conocimientos y
si a esto se le suma la importancia del leguaje y la manera en la que usamos el
lenguaje, nuestro lenguaje, el lenguaje es todo lo que somos, lo que determina
quienes somos y lo que es el mundo, seguramente podemos tener una verdadera
pedagogía. Tal como lo señala Larroza, hay que pensar desde nuestra genialidad
y no desde nuestras palabras, a usar un tipo de lenguaje más adecuado, pero no
técnico.
La gran
mayoría de profesores y maestros no le da mucha importancia al acto de hablar y
escuchar, leer y escribir; pues bien, esto es algo que vivimos diariamente como
una experiencia y que es muy importante para nuestra vida ya que nuestro
lenguaje “manera de expresarnos es algo que nos define como personas” y si
utilizamos esta herramienta desde la óptica del sujeto, será de gran
significación para la tan anhelada transformación de la educación. El lenguaje
en todas sus formas de manifestarlo es un arte que hay que disfrutar y vivir de
manera experiencial, en donde no esté involucrado el lenguaje técnico que usan
los medios de comunicación para disfrazar la realidad del mundo.
Por
ser seres culturales, históricos y situacionales, nos relacionamos de una manera
ética, es decir utilizamos nuestros pensamientos y actos éticos cuando hay una
situación que lo amerita, o porque fuimos criados con esa cultura, pero no
utilizamos la moral.
Dentro de lo que se ha dado en llamar
«sociedad del conocimiento», no existe un control del sujeto ya que las
actividades de enseñar y aprender constituyen modalidades más difíciles de
llevar a término hoy día que hace varias décadas, pues el contexto en el que se
realizan las prácticas educativas se caracteriza tanto por su menor grado de
cohesión --ética, social y cultural-- como por una cierta destrucción de la
experiencia en beneficio de la ideología de la competencia y de la condición
del experto. Pensar, entonces, la educación como una experiencia reflexiva
supone un replanteamiento profundo de la racionalidad pedagógica dominante, uno
que entienda que la educación no se satisface en su mera realización técnica,
sino que se trata de una experiencia que compromete a maestros y profesores en
las artes de la conversación y del juicio, de la deliberación y las decisiones
educativas en contextos de incertidumbre. Artes orientadas hacia una ética del
cuidado y de la preocupación por el sujeto en formación. Artes, en definitiva,
destinadas a tomar una decisión en favor de la experiencia y del acontecimiento
reflexivo de la educación.
Es decir una verdadera educación de
“calidad”, es aquella que se pueda desarrollar a partir de la experiencia, la
experiencia del pensamiento, cosas que
ya hemos vivido, “recuerdos” y la experiencia del cuerpo, lo que podemos vivir
y aprender de manera palpable; nos ayuda a hacer conciencia y plantear nuevos
métodos de educación, en los cuales podamos implementar el amor a la lectura y
la escritura de tal manera que se pueda complementar como acto de nuestro
diario vivir. La educación necesita de la experiencia, del lenguaje y la
finitud para poder desarrollar
verdaderos lenguajes de la realidad. El hecho de haber alejado estos tres
aspectos es lo que tiene a los procesos sin comienzo ni fin.
Desde
mi quehacer pedagógico y después de compartir este dialogo con los autores
señalados apuntaré a esta verdadera transformación que es lo que necesitamos,
antes que la mal llamada comunidad virtual, insto a la lectura de este
artículo, el cual logra visualizar una realidad.
EYDIS DEIVIS PEREZ MUÑOZ
Antes de iniciar un tipo de comentario
es preciso entender que los autores, Fernando Bárcena Orbe, Jorge Larrosa
Bondía y Joan-Carles Mèlich Sangrá, abordan desde una perspectiva diferente la
educación en su artículo. De hecho, contrastan lo que es tradicional en la
pedagogía o lo que regularmente se viene haciendo y una mirada alternativa de
hacer pedagogía. Dividen este artículo en tres partes muy identificadas como lo
son: la experiencia, el lenguaje y lo que denominan finitud. A partir de allí,
se analiza la posibilidad de múltiples significados que presenta la realidad,
desenmascarando las sombras en las que nos encontramos, no dejando pasar la
luz, ya que ello impide mirar las singularidades que están alrededor nuestro,
es comprender más allá de la cientificidad, de lo previsible el mundo en el
cual estamos. Los autores destacan una pedagogía desde lo poético, que inculque
la reflexión y la sensibilidad, la apertura, la libertad, al tiempo que se
muestra una alternancia en el orden de las cosas.
Por otro lado, señalan la importancia
del lenguaje como una red de comunicación que no controle, ni provenga de un
solo punto que ejecute posiciones del saber científicas, ni mucho menos que
decida vendernos una realidad, con intenciones, intereses creados, o que
establezca con órdenes que producir o que debemos hacer, en otras palabras que
planifique. De hecho establece, que conversemos bajo esta perplejidad y
complejidad en la que nos sumergimos a diario, abriendo la posibilidad de
escuchar y compartir con el otro, viviendo en un mundo que construya símbolos, entramados,
constructos bajo la conversación y la mirada del otro que también siente, pero
de manera diferente a la nuestra.
Fernando Bárcena Orbe, Jorge Larrosa Bondía y
Joan-Carles Mèlich Sangrá, también hablan del concepto finitud, en el que
señalan que somos seres del mundo en relación con los demás, lo cual significa
que poseemos una capacidad de humanos, con sentimientos y tacto, somos
considerados y complejos, ambiguos, que sentimos el sufrimiento del otro y
además, que en cada uno de nosotros no hay lo que denominamos bueno o malo,
sino seres que estamos inmersos en una cultura, en una historia y en contextos
diversos.
Bajo estos elementos, podemos ver varias
ópticas sobre el pensar la educación desde la experiencia, muchas de las
actividades y planeaciones de nuestro quehacer, están determinados por
situaciones que enmarcan y cuadriculan las situaciones que ocurren dentro del
aula de clase. Sin embargo, intentar salir de la caverna, no es tan sencillo,
cuando los docentes aún estamos inmersos dentro de ella. Luz solo es posible
cuando miramos el mundo de manera diferente, pero hay situaciones y son más
comunes de lo que creemos, que nos impiden abrir la mentalidad y ser flexibles.
Estamos condicionados por el mercado, las políticas educativas, las órdenes y
las planeaciones, los métodos y la zona de confort en la que nos movemos.
Criticamos un orden, pero no trabajamos para derrocarlo, enseñamos desde una
realidad, la nuestra omitiendo las visiones y realidades de los otros, siendo
dictadores y continuando lo establecido. De qué manera podemos pensar diferente
y actuar diferente si negamos a los otros. Que ideal de libertad podemos
transmitir si es limitada la que poseemos.
Es ambiciosa la manera de pensar la
pedagogía desde la experiencia, más aun cuando somos seres del mundo en que
vivimos en un mundo, con limitaciones, contextos y espacios diversos, culturas
y realidades diversas. Es más, estamos atados en estándares educativos, pruebas
censales que miden lo cognitivo, hacen convenciones de políticas e imposiciones
de otros lugares sin tener en cuenta el cómo pensamos y para donde vamos,
atenidos a conceptos medibles y económicos con intereses de mercado e
imposiciones evaluativas de carácter imperativo. Pensar no está más que para
planificar en lo que esta medible, si se opera distinto, si se actúa distinto y se piensa distinto, no
quiere decir que seas diferente es que estas tratando de salir de la caverna
que ha sido tu prisión por voluntad propia, a diferencia de los esclavos que
mencionaba Platón, que fueron colocados allí obligados.
Hoy en dia, es más fácil tener táctica
que tacto, por lo que la primera te permite mover de manera estratégica sacar
resultados, al igual que un general para mover su batallón, lo hacemos con los
estudiantes, para sacar resultados. Nos movemos en relación a la oportunidad
que tenemos de manera egoísta para promover una educación de competitividad, de
la lucha de unos pocos por alcanzar su deseo personal, esperando la oportunidad
de sobresalir, sin importar cual intensión sea la más beneficiosa a la hora de
vender una realidad, una que es dada por la legalidad: El Estado, que
condiciona y limita el quehacer.
No todo es tan pesimista, el articulo
nos da las luces para pensar que se puede hacer algo para modificar el statu
quo en el que estamos, solo es la decisión que particularmente tenemos y la
voluntad para ejercer desde la experiencia, utilizando la conversación y
sintiendo finitud para y con los demás. Allí esta el dilema, salir de la zona
de confort en la que estamos para decidir cómo actuar acorde a la ética en
relación con los otros.
Olga
Lucía Rodríguez Ruiz
El tema educativo cada día cobra más fuerza y
es motivo de un arduo debate en cuanto a su calidad, especialmente en nuestro
país. Debemos insistir que desde hace
décadas los especialistas establecieron como tesis fundamental que la educación
es motor de desarrollo, de inclusión y
de equidad de cualquier sociedad en el mundo.
Sin embargo, ella está pensada, bajo el signo de los discursos
pedagógicos dominantes en teoría de la educación, basados en la transmisión
académica, el diseño de unas acciones y la concreción de unas reglas que
permiten direccionar el viaje de la aprobación de un nuevo conocimiento en aras
de alcanzar la destreza, la habilidad y la competencia de los educandos para
saber-hacer y enfrentarse al mundo competitivo y laboral.
El texto “Pensar en la Educación Desde la
Experiencia” nos invita a formar un
hombre nuevo; por eso, los factores activos de la educación deben tender a
hacer que el educando actúe cada vez más por sí mismo y que afronte cada vez
más el ambiente por sí solo, siendo capaz de explorar su singularidad, de
expresar sus ideas y pensamientos con libertad a través de un lenguaje
corpóreo, que además de favorecer su relación con los demás, le permita
exponerse en la inseguridad de sus propias palabras y en la incertidumbre de
sus propios pensamientos.
No obstante, explorar la posibilidad de la
pedagogía de la experiencia sería un camino enriquecedor para el desarrollo de
nuestra práctica pedagógica y para el mejoramiento de la calidad educativa, porque
nos confronta con lo extraño, nos presenta la posibilidad de un nuevo comienzo
obligándonos a construir una nueva visión de la realidad histórica, a poseer un
pensamiento crítico e independiente y a pensar la educación como un viaje donde
cada paso se convierta en algo nuevo e inexplorado, donde se nos permita vivir
la experiencia de educar desde el accionar, la corporalidad y lo físico, donde
compartamos nuestros pensamientos con libertad a través de una conversación con
voz propia y saber poético que posibilite los acontecimientos, le dé sentido a
la multiplicidad de los significados de la realidad y permita reajustar
nuestras conductas sociales ambiguas a través de la dimensión ética en la
acción educativa.
Por ello es de vital importancia establecer una dialéctica
desde la institución educativa ofreciendo las actitudes, sentimientos, conocimientos
y procedimientos que hagan posible la construcción de criterios éticos y
morales propios, donde exista una relación responsable y de compartía con los
otros, con el mundo y con nosotros mismos.
Este proceso debe ser
constante, paciente, interactuante, madurado, monitoreado y evaluado para que
el fruto sea la calidad humana del individuo, con capacidad de respetar la
singularidad de los demás y construir una sociedad decente.
En consecuencia, la lectura nos invita a
repensar el saber pedagógico, a incentivar las capacidades de observación, problematización
y comprensión de contextos propios; donde se despliegue la condición humana y
crítica en la resolución de problemas sin olvidar la actitud investigativa de
nuestros discentes, para que emerja una práctica pedagógica que permita
describir, construir y recrear pedagogías bajo un proceso de Experiencia en el
cual el saber es un resultado de la práctica y en el que el maestro va más allá
de la educación y la enseñanza; quien como profesional formador de personas,
debe enfrentarse hoy con el reto de fundamentar su práctica en una sólida
reflexión pedagógica acerca de los fines de su acción y los medios idóneos para
lograrlos.
A pesar que el texto nos exhorta a la no
utilización de la lengua bajo la concepción de un “nosotros” por lo que
pretende darle una identidad posicional a lo que se desea expresar, deseo terminar
mi comentario diciendo que NOSOTROS LOS MAESTROS tenemos el don de la palabra, debemos
usarlo para cambiar el mundo.
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